Los ciudadanos de allí están más o menos acostumbrados y es difícil pillarlos desprevenidos, aunque alguna persona desaparece sin dejar rastro, en el mejor de los casos.
La policía de la ciudad achaca dichos crímenes y desapariciones a ajustes de cuentas entre bandas rivales o por deudas de drogas. No tiene ni el personal ni los medios para dedicarse a esas minucias, pero es año electoral. La nueva fiscal, Deborah Winslow, ha venido con ganas de dejar su sello en la ciudad y ha proclamado mano dura contra la delincuencia.
Aunque es pronto para notar su eficacia debido al poco tiempo que lleva en el cargo, en un parque ha aparecido un extraño dibujo ritual en el suelo con la foto de la nuevo fiscal. Lleva poco en el cargo, pero parece que algunos se están poniendo nerviosos. Pero hacer caso de unas pintadas vandálicas no es propio de una persona racional y pragmática como ella. Cree en la acción de la justicia, pero ¿hasta cuándo?
Deborah sospecha que parte de la policía es corrupta, por parte de la mafia italiana o de la yakuza o de ambos. Al mismo tiempo los ajustes de cuentas entre la mafia y la yakuza están preparando el camino a una guerra abierta de bandas que hay que parar antes de que estalle en la ciudad.
Para resolver dichos crímenes ha solicitado la ayuda del FBI porque no confía en sus propios hombres. Éstos buscarán la verdad al margen de los medios oficiales, pero siguen encorsetados por la burocracia y los límites legales.
Ambos, yakuza y mafia, convivían relativamente en paz hasta hace poco. Había un reparto de la ciudad entre ellos y no se inmiscuían ninguno en los negocios de los otros.Pero ahora, ambos se acusan mutuamente de extrañas muertes y desapariciones entre sus miembros. Cada uno cree que el otro está haciendo movimientos para quedarse con todo el pastel.Pero por la noche, extrañas figuras se mueven entre las sombras. Puede pasar cualquier noche, pero son las noches sin luna, cuando los vecinos escuchan extraños aullidos que les hiela la sangre. Aullidos que recorren toda la ciudad poniendo nerviosos a los perros que se contagian, empiezan a aullar e, incluso, han llegado a atacar a sus propios dueños.


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